Ante la petición del Temible, visitamos la Hacienda Santa Teresa, el útero en donde se gesta el ron que tímidamente ha emergido en los anaqueles de los bares españoles y que es el ron añejo de los rones del Caribe.
Un verdor exultante, compañía inmejorable, ricos cócteles, olor a trópico y el sonido de los pájaros que se convierten en música. La impronta en el alma del navegante… Amablemente ha escrito unas letras inundado por el fragor de esas tierras. Posiblemente Orham Pamuk tenía razón: “solo los que vienen de fuera se interesan por lo exótico y lo pintoresco de un lugar…”
Un viaje que homenajea los sentidos.
...y llegamos a la estación de partida. Allí estaba nuestro trencito campestre, esperando a sus ansiosos pasajeros. Un trencito blanco y azul, de vapor vaporoso, como aquellos que hacían soñar a los primeros viajeros ferroviarios. Un trencito de juguete, de caramelo, con sus pasajeros alborotados y juguetones como niños con zapatos nuevos.
Y allá partió de la estación, a la hora en punto. Hermosos chaguaramos flanqueaban las vías, esbeltos, silueteados en ese cielo azul que se fundía con la espesura de las colinas circundantes.
Quizá estemos tocando el cielo, pensaban algunos pasajeros.
Chuuuu Chuuuuu Chuuuuuu y el trencito seguía con su mañanero tran tran; pasamos por delante de una bodega con ventilación natural: vegetación por todas sus paredes, por todo su tejado, por encima de toda ella. Una bodeguita que lleva a la misma temperatura más de cien años quizá, sin otro aire acondicionado que el de la propia naturaleza.
Pasamos por en medio de tanques y tuberías y más depósitos y más conducciones, mas no temíamos extraviarnos puesto que una voz de caña de azúcar nos explicaba sin tregua para que servía cada cosa: cada una en su sitio, cada tubería, cada tanque con su misión concreta, y todas llenas de promesas de buenos ratos con los amigos, quién sabe si con algún famoso también.
Gracias trencito por este buen rato que nos has hecho pasar, nunca olvidaremos tu tran trán. Y correremos la voz, para que todos sepan de buena tinta donde disfrutar, en tan azaroso rincón del mundo, de un paseo tranquilo y gozoso flanqueado por esbeltos centinelas y bajo el cielo de incontables azules.
Chaguaramos=Palmeras
Fotos: Lane y A. Vicent

